Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.
Cerrar
PlanetadeLibros > Las flores del mal
portada_las-flores-del-mal_charles-baudelaire_201603161737.jpg
Ficha técnica
Fecha de publicación: 12/05/2016
296 páginas
Idioma: Español
ISBN: 978-607-07-3434-2
Código: 10140085
Formato: 12,5 x 19 cm.
Presentación: Rústica sin solapas
Colección: Austral
Facebook
Twitter

Las flores del mal

Colección Austral
Libro bolsillo (Rústica sin solapas)
$ 128.00
Comprar
Austral
Vota
  • Valoración media: 0
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
 

Una de las obras poéticas fundamentales de la literatura universal.

Primer capítulo 

 

LOS FAROS

 

Rubens, río de olvido, perezoso jardín,

almohada de carne que no sirve al amor,

pero donde la vida agitada confluye

como el aire en el cielo, como el mar en el mar.

 

Leonardo de Vinci, hondo espejo sombrío

donde hay ángeles bellos con sonrisas dulcísimas

que reflejan misterios, y que están a la sombra

de glaciares y pinos que limitan su reino.

 

Rembrandt, triste hospital rumoroso sin pausa,

con un gran crucifijo como único adorno,

con plegarias y llantos como flor de inmundicia

y que el sol del invierno cruza brusco en el aire.

 

Miguel Ángel, lugar impreciso donde Hércules

a los Cristos se mezclan, donde vemos erguirse

 colosales fantasmas que a la luz del crepúsculo

 su sudario desgarran engarfiando los dedos.

 

Grandes iras de púgil, desvergüenzas de fauno,

Puget, tú que expresaste la belleza canalla,

corazón orgulloso, hombre pálido y débil,

 melancólico césar de lo que es carne de horca.

 

Es Watteau un carnaval donde espíritus nobles

 vagan como falenas que en la noche refulgen,

 leve teatro flamante que iluminan arañas

 derramando locura en los giros del baile.

 

Goya, sueño maldito de mil cosas secretas,

cocimiento de fetos en atroz aquelarre,

 viejas ante el espejo y muchachas desnudas,

tentación de demonios, que se ajustan las medias;

 

Delacroix, lago rojo del que es dueño el Maligno,

 a la sombra de abetos de perenne verdor,

donde extrañas tocatas, bajo cielos adustos,

cruzan como un suspiro sofocado de Weber;

 

maldiciones, blasfemias, quejas y éxtasis, gritos,

todos esos sollozos, todos esos Te Déums,

son un eco que mil laberintos repiten;

es un opio divino al mortal corazón.

 

Un clamor que escuchamos a otros mil centinelas,

 la consigna que gritan portavoces a miles;

es un faro encendido sobre mil ciudadelas,

la señal del que caza extraviado en los bosques.

 

¡Oh, Señor, no podemos dar mejor testimonio

sobre nuestra grandeza que este ardiente sollozo

que recorre los tiempos y que muere en la orilla

de lo que adivinamos primavera sin fin!

 

 

 

SED NON SATIATA

 

Diosa extraña, morena, del color de las noches,

 al mezclado perfume del almizcle y de habano,

 obra de obis que son Faustos de la sabana,

bruja de ébano, engendro de las noches más negras,

 

yo prefiero al constance, como al opio y al nuits

el licor de tu boca donde triunfa el amor;

hacia ti en caravana mis deseos caminan

y mi tedio en tus ojos bebe como en cisterna.

 

Por tus dos ojos negros, tragaluces del alma,

oh demonio implacable, no me arrojes más fuego,

 yo la Estigia no soy, nueve veces no abrazo,

 

ay de mí, y no podría, libertina Megera,

para hacerte más dócil, que te des por vencida,

 ser por ti Proserpina en tu lecho infernal.

 

 

 

XXVII

 

Con sus amplios ropajes ondulantes de nácar,

 hasta cuando camina se diría que baila,

como danzan las sierpes en la punta de un palo

 que juglares sagrados cadenciosos agitan.

 

Semejante a la arena y al azul del desierto,

 insensibles los dos al sufrir de los hombres,

 como el largo bordado de las olas del mar,

no hay en ella ni un gesto que no sea abandono.

 

Son sus ojos bruñidos minerales que encantan,

y en su ser que reúne lo simbólico y raro,

donde un ángel doncel se marida a una esfinge,

 

donde todo es acero, oro, luz y diamantes,

sin cesar resplandece, como un astro inservible,

la glacial majestad de la estéril mujer.

 

 

 

EL VAMPIRO

 

Tú que en mi corazón doliente entraste

 como una cuchillada, tú que has sido

la que ha venido a mí como un tropel

 de demonios, engalanada y loca,

 

para hacer de mi espíritu humillado

 tu lecho y tu dominio; tú, la infame,

 a cuyo cuerpo estoy siempre sujeto

como el forzado atado a la cadena,

 

como al azar el jugador tenaz,

igual que está el borracho a la botella,

 igual que a la carroña los gusanos,

¡oh, maldita mil veces, sé maldita!

 

He suplicado a la veloz espada

que quiera hacerme libre nuevamente,

y al pérfido veneno le he pedido

que acudiera en ayuda de un cobarde.

 

Pero, ¡ay!, ambos, la espada y el veneno

 me han dado una respuesta desdeñosa:

«No eres digno de ser emancipado

 de tu maldita esclavitud. ¡Imbécil!

 

Si acaso de su imperio nuestro esfuerzo

pudiese liberarte, bastarían

tus besos para hacer que reviviera

 el cadáver aquél de tu vampiro.»

 

 

 

EL VENENO

 

Sabe el vino dotar al tugurio más sórdido

de un lujo que parece milagroso,

y a menudo da vida a portales de fábula

 con sus rojos vapores que lo doran,

como un sol que se pone en un cielo de brumas.

 

Sé que el opio agiganta lo que no tiene límites,

 que hace lo ilimitado mayor aún,

profundiza en el tiempo, los deleites ahonda,

 y de placeres negros, melancólicos,

llena el alma hasta hacer que rebose de excesos.

 

Mas todo eso no puede compararse al veneno

 de tus ojos tan verdes, que son lagos

donde el alma se ve temblorosa, invertida...

Allí acuden mis sueños en tropel

a beber en abismos que son todo amargura.

 

Mas todo eso no puede compararse al prodigio

 cruel de tu saliva que corroe,

que hunde mi alma incontrita en un pozo de olvido,

 y la lleva arrastrada por el vértigo,

ya sin fuerzas, a orillas del gran mar de la muerte.

 

 

 

EL GATO

 

I

 

Sé que por mi cerebro se pasea,

como si fuera el dueño de la casa,

un gato hermoso, fuerte y delicado.

 Cuando maúlla, apenas se le oye,

 

tan discreta y tan tierna es su voz;

tanto da, apaciguada o colérica,

es siempre resonante y es profunda.

 Ahí reside su encanto y su secreto.

 

Esta voz que me impregna y se insinúa

en lo más tenebroso que hay en mí,

me llena como un verso innumerable,

 me colma de alegría como un filtro.

 

Adormece mis males más crueles

 y contiene los éxtasis mayores;

 para decir larguísimas ideas

no necesita usar de las palabras.

 

No conozco más arco que me muerda

 el corazón, que suena tanta música,

y que de una manera más brillante

 haga cantar la cuerda que más vibra,

que tu voz, misterioso gato, gato

seráfico, oh tú, gato tan extraño

en quien todo es, igual que son los ángeles,

 tan armonioso como sutilísimo.

 

II

 

De su pelaje que es rubio y moreno

brota un suave perfume, que una noche

me llenó de fragancia, por haberlo

una vez solamente acariciado.

 

Para mí es el espíritu doméstico;

 juzga, preside, inspira cuanto pasa

 dentro del territorio de su imperio.

¿Es que acaso es un genio o es un dios?

 

Cuando siento mis ojos atraídos

 como un imán hacia ese gato amado,

 y poso en él sumisa mi mirada

y me miro a mí mismo, veo entonces

 

en medio del mayor de los asombros,

 el fuego de sus pálidas pupilas,

clarísimos fanales, vivos ópalos,

que me están contemplando

No te pierdas...
Llévate este libro a tu web / blog
Compartir:
Facebook Twitter Delicious Digg Google Meneame
Llévate este enlace:

Sinopsis 

“Papeles de amor y de odio, esas figuras femeninas que siempre vemos en función de la distorsionada y delirante obsesión del poeta. Todas ellas, con sus embrollos, su egoísmo, su zafiedad, ¿cómo podían convivir con Baudelaire? ¿Cómo iban a comprender algo de ese vendaval de truculencia provocadora, esa mezcla de lo ruin y de lo ideal que le distingue? Nadie estuvo a la altura de las circunstancias, pero era mucho pedirles, eran simples comparsas de teatrillos de bulevar, prostitutas, musas venales con ciertas pretensiones de distinción, y el poeta pedía todo el rugir del infierno y el azul de lo sublime, todo a la vez, y era mucho pedir.

Papeles de sumisión y de rebeldía, siempre bien establecidos y perseverantes. Odia al bueno de maître Ancelle, y en el fondo le quiere y le necesita; como se desborda en elogios hiperbólicos con Victor Hugo —ausente y ya coronado de gloria en vida—, aunque en el fondo, y al final lo reconoce explícitamente, le detesta como escritor y abomina la lamentable comedia de su representatividad cívica.”

Carlos Pujol

El autor 

(París, 9 de abril de 1821-31 de agosto de 1867) está considerado uno de los mejores poetas de la historia, sin embargo no siempre fue así. En su tiempo fue una figura muy incomprendida y polémica. Considerado el precursor del movimiento simbolista y de la poesía moderna, su vida estuvo marcada por una infancia difícil. Su excéntrica actitud pública y sus excesos le valieron la etiqueta de «poeta maldito». En 1857, tras la publicación de Las flores del mal, fue acusado por atentar contra la moral pública, e incluso seis de sus poemas no vieron la luz hasta 1949. Baudelaire es un genio de la literatura francesa, único en el dominio del ritmo y la forma, enfrentado y atraído durante toda su...

Otros títulos del autor 

Llévate este libro a tu web / blog 

portada_las-flores-del-mal_charles-baudelaire_201603161737.jpg

Una de las obras poéticas fundamentales de la literatura universal.

Incrusta este gadget en tu propio espacio virtual. Sólo tienes que incrustar el código haciendo copiar y pegar.

DÉJATE SORPRENDER 

FACEBOOK