Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.
Cerrar
PlanetadeLibros > Orgullo y prejuicio
portada_orgullo-y-prejuicio_jane-austen_201604252024.jpg
Ficha técnica
Fecha de publicación: 17/03/2016
352 páginas
Idioma: Español
ISBN: 978-607-07-3272-0
Código: 10138637
Formato: 12,5 x 19 cm.
Presentación: Rústica sin solapas
Colección: Austral Narrativa
Facebook
Twitter

Orgullo y prejuicio

Libro (Rústica sin solapas)
$ 138.00
Comprar
Austral
Vota
  • Valoración media: 5
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  5 - 1 Voto

«Es una verdad universalmente aceptada que un hombre soltero en posesión de una notable fortuna necesita una esposa»

«Si la auténtica prueba para juzgar la calidad de una novela es la relectura, y los placeres que aporta la relectura, entonces Orgullo y prejuicio supera cualquier novela jamás escrita», Harold Bloom

Primer capítulo 

[...]El señor Darcy estuvo sentado un poco y luego empezó a dar vueltas por la estancia. Elizabeth estaba sorprendida, pero no dijo ni una palabra.

Después de un silencio de varios minutos, el señor Darcy se acercó a ella muy nervioso y comenzó a hablar.

—He luchado en vano... Ya no puedo más. No puedo reprimir mis sentimientos. Permítame decirle que la admiro y la amo apasionadamente.

El asombro de Elizabeth era indescriptible. Tenía los ojos como platos, estaba ruborizada, dubitativa y no decía nada. Darcy lo consideró como una prueba de asentimiento, e inmediatamente continuó proclamando todo lo que sentía y todo lo que había sentido por ella desde hacía mucho tiempo. Se expresó con sinceridad, pero había otros sentimientos, aparte de los del corazón, que debían explicarse, y no fue más elocuente sobre el asunto del amor que sobre el del orgullo. La inferioridad de la familia de Elizabeth —que para él representaba una degradación— y los obstáculos familiares que la razón siempre había impuesto a los deseos de su corazón se expusieron con una vehemencia que daba a entender cuánto le dolían, pero no eran lo más apropiado para que se atendiera su demanda.

A pesar de la antipatía profundamente arraigada en Elizabeth, al principio no pudo ser insensible a los cumplidos de amor de un hombre como aquel y, aunque sus sentimientos no variaron ni un ápice, sintió cierta lástima por el dolor que iba a infligirle... hasta que, irritada por el lenguaje que empezó a utilizar después, se olvidó de cualquier compasión para entregarse a la furia. Sin embargo, intentó mantener la compostura para responderle con tranquilidad, cuando hubiera terminado. Él terminó recordándole la fuerza de su amor que, a pesar de todos sus esfuerzos, no había podido reprimir, y al final expresó su deseo de que pudiera obtener la recompensa de conseguir su asentimiento y su mano. Cuando terminó de decir aquello, Elizabeth pudo observar fácilmente que el señor Darcy no tenía ninguna duda de estar a punto de recibir una respuesta afirmativa. Hablaba de aprensión y ansiedad, pero su rostro solo reflejaba una implacable seguridad.

Aquello solo consiguió exasperarla aún más y, cuando el señor Darcy concluyó, con el color rosado encendiendo sus mejillas, Elizabeth dijo:

—En casos como este creo que lo habitual es expresar el agradecimiento por los sentimientos que se han manifestado, aunque no puedan ser correspondidos. Es natural que se exprese ese tipo de agradecimientos, y si yo pudiera estarle agradecida a usted, le daría sinceramente las gracias. Pero no puedo. Nunca he pretendido que tuviera buena opinión de mí, y desde luego usted la tiene muy a pesar suyo. Lamento mucho haber causado dolor a alguien. Ha sido inconscientemente, desde luego, y confío en que no dure mucho. Dado que sus sentimientos, según me dice, han impedido durante tanto tiempo que yo conociera sus intenciones, seguramente tendrá usted pocas dificultades en superar ese dolor tras esta conversación.

El señor Darcy, que estaba apoyado en la repisa de la chimenea con los ojos clavados en el rostro de Elizabeth, parecía escuchar sus palabras con tanto resentimiento como sorpresa. Su rostro palideció de furia y su irritación se hizo visible en cada facción. Estaba luchando por mantener la compostura y ni siquiera abrió los labios hasta que creyó haberlo conseguido. Aquel silencio fue aterrador para Elizabeth.

No te pierdas...
Llévate este libro a tu web / blog
Compartir:
Facebook Twitter Delicious Digg Google Meneame
Llévate este enlace:

Sinopsis 

La historia de las hermanas Bennet, conlleva un padre indolente, una madre histérica e irresponsable, la presencia elegante y varonil de Fitzwilliam Darcy, y un plantel de secundarios absolutamente deliciosos. No es de sorprender que causara de inmediato un tremendo revuelo en los cenáculos literarios de Londres, donde se valoró muy positivamente la novela.

Elizabeth Bennet ya no es la damisela inválida, es una mujer inteligente, independiente, crítica, maliciosa, divertida, sensata, aventurera y sincera. Se divierte con las tonterías a las que se ven abocados sus coetáneos por las imposiciones sociales, no le importa demasiado quedarse soltera, se burla del amor a primera vista, aprende de sus errores, es implacable con las cadenas sociales que atenazan a sus congéneres y asume desde el principio que ella es la dueña de su vida. Hoy parece poca cosa, pero hace doscientos años todas las muchachas de Inglaterra aprendieron, con Elizabeth Bennet, a decir que «no» y que se tomara como un «no», a no sentirse arrastradas por una madre absurda, a no sentirse intimidadas por el poder, la clase o el dinero, a respetarse a sí mismas y a presentarse ante el mundo sin nada de lo que avergonzarse.

Valoración de los lectores 

Valoración media
5 - 1 Voto
Vota este libro
  • Valoración media: 5
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5

El autor 

000039324_1_Austen_Jane__200_201604060022.jpg

Steventon, Hampshire, 1775 | Winchester, Hampshire, 1817

(Steventon, 1775 – Winchester, 1817) es la primera gran mujer de la literatura inglesa. Sin embargo, su talento no siempre recibió una aceptación unánime y, aunque alcanzó la fama en vida, tardó en conseguir la posición canónica que ocupa hoy. Jane, sexta y última hija del reverendo de Steventon, vivió siempre con sus padres, hermanos y sobrinos en Hampshire y Bath. Educada en casa y con una vasta biblioteca a su disposición, escribió relatos desde muy joven, que se recogen en su Juvenilia. Antes de los veintiún años, empezó la elaboración de Orgullo y prejuicio. Después, le seguirían Mansfield Park, Sentido y sensibilidad, Emma, Persuasión, Los Watson y La abadía de Northanger, obras que...

Otros títulos del autor 

Llévate este libro a tu web / blog 

portada_orgullo-y-prejuicio_jane-austen_201604252024.jpg

«Es una verdad universalmente aceptada que un hombre soltero en posesión de una notable fortuna necesita una esposa»

Incrusta este gadget en tu propio espacio virtual. Sólo tienes que incrustar el código haciendo copiar y pegar.

DÉJATE SORPRENDER