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Ficha técnica
Fecha de publicación: 15/02/2017
400 páginas
Idioma: Español
ISBN: 978-607-07-3853-1
Código: 10177449
Formato: 12,5 x 19 cm.
Presentación: Rústica sin solapas
Colección: Obras de J. Ibargüengoitia
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Teatro I

Libro bolsillo (Rústica sin solapas)
$ 248.00
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Contiene Susana y los jóvenes, Clotilde en su casa y La lucha con el ángel.

Primer capítulo 

Susana y los jóvenes

 

PERSONAJES

 

Susana

Alfredo

Tacubaya

Pablo

Rosa

Carrasco

El papá

La mamá

Isidora

 

 

 

 

Escenario único

 

La sala, en casa de Susana. Al fondo, una puerta de cristales y madera pintada de blanco comunica con un vestíbulo de distribución que da al comedor, a la puerta de entrada y al cubo de la escalera (invisibles). El vestíbulo es vagamente visible. La sala está empapelada en color café claro; es pasada de moda y muy sobria; en la pared derecha, en medio, hay una ventana que da al jardín de la casa de junto. A un metro de la ventana, y de espaldas a ella, está el sofá, pasado de moda y muy sobrio, pero muy cómodo; frente a él, una mesita baja; a los lados hay dos sillones del mismo juego, y dos lámparas de pie muy feas. Sobre los muebles hay pieles de venada y de coyote. Al lado derecho de la puerta, en el rincón, hay otro sillón y el radio de consola; al derecho, unas mesitas telescópicas que se ponen donde se antoje; sobre la pared izquierda, en término medio, está la chimenea, y en primer término, ochavando, otra ventana que da a la calle y desde donde es posible ver a la gente que entra y sale de la casa. Las ventanas tienen transparentes verdes y muy viejos; luego, cortinas amarillas con rayas azules, más viejas; las maderas, todas blancas. Sobre la chimenea un Sagrado Corazón, y a sus lados, una serie de ocho o diez fotografías de las mismas dimensiones todas, que representan a la familia haciendo cosas históricas: la boda de los padres, los padres con Susana a los tres días de nacida, Susana a los tres años, los padres, Susana de dos años y Pablo de tres días, Susana haciendo su primera comunión, Pablo haciendo la suya, Susana a los quince años, la familia en las bodas de plata, etc. Los pocos adornos que hay carecen de interés especial: son bibelots de los que se regalan en las bodas o días de santo. La casa está en un perfecto orden, muy limpia, y puede uno sentirse a gusto en ella: tiene lo que sólo llega a tener un cuarto cuando la gente ha pasado mucho tiempo en él. En la chimenea hay leña e indicios de uso frecuente.

La acción, a fines de noviembre, una tarde en la época de posadas y la mañana de Navidad. En México, D.F.


 

 Acto primero

 

Al levantarse el telón, la Mamá baja el transparente de la ventana de la izquierda, luego se dirige a la otra ventana con el mismo fin, pero tarda un poco antes de hacerlo, porque está muy interesada en algo que pasa en la casa de junto. Susana, llevando unos libros y papeles en la mano, abre la puerta silenciosamente, entra, ve a la Mamá, sonríe, frunce el ceño.

 

 

Susana

Bueno, ¡pero qué feo! ¡Fisgona!

 

Mamá, bajando el transparente, muy asustada:

¡Ay! Reponiéndose, severa. ¡Qué susto me diste, muchacha! Un día vas a matarme del corazón.

 

Susana

No fue intencional.

 

Mamá

Ves que tengo la presión tan alta.

 

Susana

Perdóname. No creí que fueras a asustarte.

 

Mamá, retirándose de la ventana:

Ten más cuidado.

 

Susana, sacando una de las mesitas de telescopio, tranquila:

Muy bien, mamá, la próxima vez que te encuentre haciendo algo inconveniente, tocaré la puerta así. Toca con los nudillos en una mesita.

 

Mamá

Nada tiene de malo que me asome a la ventana. Pero esa mujer es una inconsciente. ¡Figúrate, si en vez de mí se asomara un hombre!

 

Susana

Los dos estarían felices.

 

Mamá, gritando severa:

Susanita, ¿cómo puedes decir esas cosas?

 

Susana

Te prometo no decir ya nada.

 

Mamá

¿Qué haces?

 

Susana

Jalo una mesa.

 

Mamá

¿Vas a dar clase de inglés?

 

Susana, con paciencia:

Es martes: a las seis vienen mis alumnos. Quiero que haya café, orejas y cuernitos; que Pablo encienda la chimenea, porque estoy helada, y que no se nos moleste hasta las siete. Si viene alguna de tus viejecitas, la recibes en el comedor.

 

Mamá

Muy bien. Pero si tu papá quiere merendar temprano y en la sala, se van todos.

 

Susana

¿No puede merendar en el comedor?

 

Mamá

Sí puede, pero está chocho y no le da la gana.

 

Susana

Es que ahora tengo dos invitados nuevos.

 

Mamá

Se ven igual que los demás.

 

Susana

No se puede hacer nada en esta casa; no tengo vida privada. ¿No te doy lastima, mamá? Tengo veintitrés años y no tengo vida privada.

 

Mamá

No seas tonta, niña

 

Susana, sentándose en uno de los sillones:

¿Dónde estará mi hermano?

 

Mamá

Lo mandé a recoger unos fierritos del refrigerador. Ojalá que encuentre la tienda abierta. Toda la tarde estuve rogándole que fuera, y se decidió a la hora en que cierran.

 

Susana

¿Encargaste los cuernitos?

 

Mamá, filosófica:

Yo creo que la burra de la criada no sabe lo que son cuernitos. Mejor esperamos a tu hermano.

 

Susana

Ay, mamá, pobre Pablo; lo usamos como criado.

 

Mamá

Es que los criados no sirven.

 

Susana

Orejas, un peso de orejas. Y el café, que no esté tan cargado.

 

Mamá

A ver cómo sale. ¡Ah! Dile al muchachito ése, Alfredo, que si quiere hacerte la corte, acostumbre a limpiarse los zapatos antes de entrar en la sala.

 

Susana, enojada:

Ya te he dicho que no me hace la corte.

 

Mamá

Ya he visto que sí te la hace. Y de cualquier manera, es mejor que se limpie los zapatos.

 

Susana

Quiero poner esto en claro de una vez: Alfredo no me hace la corte. Nunca me ha dicho nada, y si me dijera algo, le diría que no. Somos amigos y ya.

 

Mamá

Muy bien. Ni él se atreve ni tú entiendes; son un par de bobos.

 

Susana

No somos bobos. Alfredo es muy inteligente, y yo mucho más. Y no tiene por qué atreverse a nada.

 

Mamá

No tendría nada de malo.

 

Susana, de pie, gritando exasperada:

Pero ¡no me hace la corte! ¿Ya?

 

Mamá, en el mismo tono:

Tú dile que se limpie los zapatos. Las interrumpe un timbre de la puerta. Extraordinariamente corto. De una gente tímida y bien educada. La mamá dice, en voz queda: Allí está tu novio.

 

Susana, gritando, rabiosa:

¡Que no es mi novio!

 

Mamá

Cállate, que va a oírte. Susana se deja caer en el sillón. La Mamá abre la puerta y grita. ¡Isidora! ¿Qué espera para abrir el zaguán? A Susana. Es una zonza. Enderézate el cuello niña. No tienes presunción. Susana obedece. Isidora pasa por el vestíbulo, hacia la izquierda. La mamá le dice: A este señor ábrale pronto porque toca una sola vez, y si no le abren se va. La señora se coloca en el vestíbulo, esperando a que entre Alfredo. Se oye abrir el zaguán y la voz de Alfredo, mientras Susana trata de escribir algo en un papel.

 

Alfredo, desde fuera:

¿No está Pablo?

 

Mamá, desde el vestíbulo:

No, Alfredo, pero está Susana; pase usted.

 

Alfredo, desde fuera:

Buenas tardes, señora. Perdóneme, no la había visto.

 

Mamá

Es que ya está muy oscuro. Pase, Alfredo.

 

Alfredo, apareciendo en el vestíbulo:

Me dijo Pablo que viniera porque habrá clase de inglés.

 

Mamá

Pase. ¡Ah! Mire, este tapete es nuevo: lo compramos para que las visitas puedan limpiarse los zapatos antes de entrar en la sala… Porque es muy incómodo traer los zapatos sucios, ¿no le parece?

 

Alfredo, limpiándose los zapatos:

Sí, señora; perdóneme usted.

 

Mamá

No; no le decía que se limpiara los zapatos. Le dije lo del tapete sólo porque en este momento se me ocurrió. Pero en fin, ya se los limpió. Pase, aquí está Susana. Entra Alfredo, busca con ansia poco disimulada a Susana, sin encontrarla. La Mamá dice: Aquí está, Alfredo, señalando a Susana.

 

Alfredo

Hola.

 

Susana

¿Qué tal?

 

Alfredo

¿Qué me cuentas? ¿Cómo han estado?

 

Susana

Bien, ¿y ustedes?

 

Alfredo

También. Me llamó Pablo.

 

Susana

Le dije que te llamara.

 

Alfredo

¿Habrá clase de inglés?

 

Susana

Claro. Es martes.

 

Alfredo

Sí, ¿verdad? ¡Qué pronto se me pasó la semana! Digo… el lunes.

 

Mamá, modosa:

Voy a dejarlos solos. Si quieres pan, espérate a que venga tu hermano… o vayan ustedes mismos a comprarlo.

 

Susana

Sí, mamá.

 

Mamá

Con permiso, Alfredo. Siéntese.

 

Alfredo

Pase usted, señora. Gracias.

 

Quedan solos. Ella hace algo con los cuadernos y los papeles. Hay un momento de silencio.

 

Susana

Cuéntame algo interesante.

 

Alfredo

¿Cómo qué?

 

Susana

Lo que se te antoje.

 

Alfredo, pensando laboriosamente:

Verás..., ¡ah! Ya nació el niño de Concha, mi prima.

 

Susana

Me lo contó tu hermana Rosa hace un mes.

 

Alfredo, despechado:

¡Hombre!

 

Susana

Pero algo verdaderamente interesante.

 

Alfredo

No me acuerdo de nada por el momento.

 

Susana, fingiendo desilusión:

¡Y yo que pensaba que eras la única gente que me entendía!

 

Alfredo, apurado:

Si te entiendo, pero no... No me acuerdo de nada interesante.

 

Susana

¿Has visto alguna película últimamente?

 

Alfredo

No. Desde aquel domingo que fuimos juntos.

 

Susana

¿Has ido a alguna fiesta?

 

Alfredo

No. Desde que fui contigo al Jockey Club.

 

Susana

¿Concierto?

 

Alfredo

Ustedes no quisieron ir…

 

Susana

¿Has comido algo bueno? ¿Has tomado una bebida que te guste? ¿Has conocido a alguien interesante? ¿Has leído los periódicos? ¡Háblame aunque sea de futbol, pero háblame de algo, no te quedes allí sentado hecho un tonto!

 

Alfredo

No puedo. Quisiera tener muchas cosas que contarte, pero no puedo. Es totalmente imposible. A veces pienso cosas y las planeo, pero cuando llego aquí… ya no puedo contarte nada.

 

Susana, desinflada:

¡Ay! Entonces, ayúdame a corregir estas tareas. ¿Podrás?

 

Alfredo

Yo creo que sí.

 

Susana, tamborileando en el brazo del sillón con las yemas de los dedos:

Supongo que no querrás que te grite de un lado a otro de la sala.

 

Alfredo, corre a sentarse junto a ella:

¿Qué tengo que hacer?

 

Susana, dándole un papel, ella observa:

Toma. Lo que esté como yo te dicte, lo marcas como bueno; lo que no, lo tachas.

 

Alfredo, decidido:

Susana, tengo algo muy importante que decirte.

 

Susana

Ya no hay tiempo. Tenemos que corregir pruebas. Perdiste tu única oportunidad.

 

Alfredo, solemne:

Es que esto es verdaderamente importante.

 

Susana

¿Los alemanes bombardearon Londres?

 

Alfredo

No seas tonta; es algo serio. Quiero que por una vez seas franca conmigo.

 

Susana

Mira, tonto, yo soy la mujer más franca y sincera del mundo.

 

Alfredo

Bueno. Quiero hacerte una pregunta.

 

Susana

Hazla, pues.

 

Alfredo, de pie, dando algunos pasos:

Hace tiempo que quiero hacértela.

 

Susana

¿Con qué idiotez vas a salir?

 

Alfredo

No es una idiotez; para mí es muy importante.

 

Susana

¿Qué esperas?

 

Alfredo

Susana, dime: ¿estás contenta a mi lado?

 

Susana

Regular, ¿por qué?

 

Alfredo

Quiero decir si estas tranquila cuando estás conmigo.

 

Susana

Muchísimo. ¿Sabes cómo me siento junto a ti?

 

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Sinopsis 

El teatro fue el primer género literario que cultivó Jorge Ibargüengoitia y que pronto se convirtió en simiente de su obra narrativa.

Esta edición, además de rescatar una faceta prácticamente desconocida del escritor de Los relámpagos de agosto, vislumbra de forma muy peculiar el rol femenino en la década de 1950: ¿debe una mujer casarse sólo porque tiene pretendientes?, ¿debe guardarse en casa mientras su marido trabaja?, ¿debe esperar a que el amor de su vida se decida por ella?... Susana, Clotilde y Carmen, protagonistas de las tres piezas reunidas aquí (Susana y los jóvenes, Clotilde en su casa y La lucha con el ángel), nos revelarán lo poco o lo mucho que hemos cambiado las últimas décadas.

El autor 

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© Archivo Joy Laville

Guanajuato, México, 22 de Enero de 1928 | Mejorada del Campo, España, 27 de Noviembre de 1983

Nació en la ciudad de Guanajuato, en 1928 y murió en Madrid en 1983. Su obra abarca novelas, cuentos, obras de teatro, artículos periodísticos y relatos infantiles. Fue becario del Centro Mexicano de Escritores, de las fundaciones Rockefeller, Fairfield y Guggenheim. Obtuvo, entre otros, los siguientes reconocimientos: el Premio Casa de las Américas en 1964 por su primera novela, Los relámpagos de agosto, y el Premio Internacional de Novela México en 1974 por Estas ruinas que ves. Colaboró en diversas revistas y suplementos culturales de gran importancia en nuestro país. El reconocido crítico literario Christopher Domínguez afirmó de él: "...hizo de su obra, trágicamente truncada, un corr...

Otros títulos del autor 

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