En el mejor de los casos, el nacionalismo no es más que un sueño narcisista, soportable con humor y paciencia. Pero el separatismo suma al nacionalismo la subversión que destruye la democracia vigente. Se puede convivir con el nacionalismo, pero no hay más remedio que defenderse del separatismo y plantarle cara. Lo hemos visto en Euskadi, ahora en Cataluña: unos cuantos quieren robar a la...




























