Cuando Alexandr Solzhenitsyn acabó de escribir Archipiélago Gulag, confesaba en el epílogo: «La de veces que empecé este libro para abandonarlo después. No podía acabar de comprender si era necesario o no que escribiera yo solo un libro semejante. Y además, ¿cuánto tiempo lo soportaría? Pero cuando, sumándose a lo que yo ya había recopilado, convergieron sobre mí otras muchas cartas...











