Este libro es una carta de amor a nuestras mascotas, cuyo amor, confianza, lealtad y amistad son siempre genuinos. ¿No resulta irónico que sean los animales quienes nos recuerden los verdaderos valores “humanos”?
| Temáticas | |
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| Publicación | 4 febrero 2010 |
| Presentación | Tapa dura sin s/cub. (cartoné) |
| Formato | 27.5 x 27.5 cm |
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| Editorial | Destino Infantil & Juvenil |
| ISBN | 978-84-08-24705-0 |
| Páginas | 32 |
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| Código | 0010293741 |
| Tinta ilustraciones interior | Integradas a color |
Nació en Segovia en 1992. A los quince años inaugura el blog Relocos y Recuerdos, y escribe sin cesar, dando a conocer sus versos a través de las redes sociales. Ha publicado los poemarios Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo (2013), Baluarte (2014), Ya nadie baila (2015), La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida (2016) y Adiós al frío (2020). Elvira colabora con músicos, cantautores y otros poetas, y ha publicado dos libros que combinan la ilustración y la poesía: Tú la Acuarela/Yo la Lírica (2013), en colaboración con Adriana Moragues, Aquella orilla nuestra (2018), ilustrada por Emiliano Batista (EMBA), y A los perros buenos no les pasan cosas malas (2019), ilustrado por Ayesha Rubio. Elvira Sastre compagina su carrera poética con la escritura y la traducción. Ha traducido a poetas como rupi kaur o Henn Kim y a novelistas como E. Lockhart o John Corey Whaley. En 2019 recibió el premio Biblioteca Breve por su primera novela, Días sin ti, con la que ha recorrido varios países. Recientemente su obra y su labor en favor de la creación artística han sido reconocidas con el Premio La Sombra del Ciprés, concedido por la Asociación Cultural de Novelistas Abulenses. En varias oportunidades, la autora llenó teatros y salas de conciertos de España y América Latina con sus recitales poéticos. Habitualmente comparte su poesía, sus vivencias y su mundo personal a través de las redes.

La amistad de dos niños de apenas un año conectaron a una ilustradora consagrada con una pintora en ciernes…
Entre cambios de pañal, cálculos de horas de sueño, charlas fractales sobre introducción de alimentos, sueño, ”espera que me agacho”, “ay que se cae”…y en medio de toda esa alienación -pasajera- se les ocurrió juntar sobre el papel sus mundos, a ver qué pasaba.
Y unieron los delicados niños en grafito de Noe con los animales pictóricos y coloridos de Marta. Naturaleza e infancia contrastada, contrapuesta pero a la vez fusionada, comunicándose en una única voz, conviviendo en un mismo universo.
El resultado de este proceso son obras de pequeño formato, en las que ponen ternura y humor, además de todo el cuidado. Piezas pensadas para dar calidez a un dormitorio infantil, a un comedor o a una sala de juegos. Compañía poética.
Necesitaban denominar el experimento de alguna manera y buscaron un nombre corto que englobara todo eso. Les vino la imagen de un grillo: se hace de noche, es verano y del silencio emerge el canto de ése insecto.
Este pequeño y enérgico animal evoca en nosotros naturaleza, cielo estrellado, cuentos y risas. Lo metieron en casa para su proyecto de lápices y pinceles, y ahí sigue, acompañándoles y creciendo, como una criatura más.

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