Abandonarse a sus deseos le costará su libertad.
En una noche de primavera, el guardián suplicará por un milagro. El cielo lo escuchará y, aunque derramará sangre divina, sus heridas sanarán en manos de un mortal.
Alexander estaba convencido de que ya ninguno de los excéntricos regalos de su mejor amigo podría sorprenderlo. Pero se equivocó.
Un ángel enjaulado no es, bajo ninguna...








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