Paloma viaja sin moverse de su lugar: cruza todas las capas de la marginación y ese camino la vuelve la presa ideal para sus propios compañeros, que condicionan la empatía —ni hablar de la amistad— a la pertenencia a una clase social. Pero aun en la oscuridad más densa brilla una luz para la joven: Enrique, el único que arroja una mirada humana sobre Paloma y da la espalda a los...











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