Según las estadísticas, solo pasamos once minutos en promedio concentrados en una actividad antes de que algo o alguien nos interrumpa: un mensaje en el celular, una reunión imprevista, un hijo que reclama atención o cualquier pensamiento que nos distrae inevitablemente. Nuestro cuerpo está, pero nuestra cabeza ya no. Consecuentemente, todo ese tiempo perdido o extraviado termina convertido...










