Quiero tu amor:
“—¿Y eso qué? —exclamó la dama, extrañada—. Recuerda que nuestro Julio ha sido y es un hijo de raza. Tiene la distinción en la sangre y en el cuerpo.
Luis Villamil volvió a sonreír con cierta indiferencia.
—Puede que sea eso —murmuró pensativo—. Pero hay algo en Angel que no tiene nuestro hijo, mi querida Zaida.
—¿Y qué es ello?
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